Mientras la mayor parte de la música de Schubert para violín y piano fue escrita pensando en la interpretación privada (algo menos en el caso de la sonata en la mayor), la fantasía en do y el Rondo brillant fueron concebidos para ser interpretados en público. En ambos casos la iniciativa procedió del joven virtuoso bohemio Josef Slavík, el miembro más famoso de una saga familiar. Chopin comparó su estilo al de Paganini; y Schubert, buen violinista y violista, introdujo considerables dificultades en la Fantasía, con exigencias parecidas por lo que respecta al piano.
Aunque el desarrollo es continuo, la fantasía se divide en cuatro secciones, con una secuencia de movimiento lento-rápido-lento-rápido. Toda la obra está imbuida del espíritu de la canción de Rückert “Sei mir gegrüsst”, y la tercera sección consiste en una serie de variaciones sobre esta melodía. El problema para los intérpretes es conseguir que el sonido de ambos instrumentos quede bajo control mientras se sumergen en las profundidades emotivas de la pieza, que subyacen bajo una brillante superficie.
No es frecuente que una primera grabación arrastre tras de sí as sus sucesoras. Adolf Busch y Rudolph Serkin tenían una relación casi paternofilial aunque solo les separaban doce años, y en aquella época tocaban el repertorio prácticamente de memoria. Se especializaron en la Fantasía de Schbuert, y esta fue una de sus primeras grabaciones. Sin ayuda de la postproducción, su interpretación es casi perfecta, llena de intimidad al principio, de ritmo en los pasajes más rápidos, y de espíritu vocal en las variaciones.
seryhumano.com / Tully Potter