“La raíz de todas las pasiones es el amor. De él nace la tristeza, el gozo, la alegría y la desesperación” Lope de Vega
Es La Dorotea, con mucho la obra en prosa de Lope de Vega donde mejor se conjugan ambición y resultados.
En la primera lectura, La Dorotea ofrece sin apenas rebozo una peculiar autobiografía amorosa de Lope, de modo que tras el personaje de don Fernando es fácil detectar al autor y tras Dorotea a Elena Osorio, amante de juventud del dramaturgo.
Sin embargo, tras una revisión más atenta descubrimos que, más allá de constantes alusiones a toda una prolífica vida erótica, se esconde tanto un homenaje a La Celestina (que en La Dorotea tiene por personaje a Gerarda) como un no menos explícito guiño a las comedias amorosas de enredo, género a cuyo éxito Lope tanto hubo de contribuir.
Y es que La Dorotea, subtitulada “acción en prosa”, participa de los mejores ingredientes de la novela y el teatro barrocos; al cabo , Lope la estructuró en cinco extensos actos, divididos a su vez en escenas, y los personajes (la casada Dorotea y su joven amante don Fernando, la celestina Gerarda, el rico indiano don Bela, Felipa la hija de Gerarda…) entran, salen y dialogan como en las comedias de la época. Desmintiendo el subtítulo, pero en uso de época, no faltan los versos; de hecho, cada acto de término con ellos, a modo de moraleja y baile coral.
A las escenas de los amores y desengaños de Dorotea y Fernando les siguen otras de delicioso costumbrismo, y también algunas plenas de erudición literaria, porque Lope siempre trató de sustentar su fama combinando gracia y erudición, verso y enciclopedia.
Seryhumano.com / Juan Carlos Ara (Profesor de la Universidad de Zaragoza)