“Al amor no se le dictan leyes” Benito Pérez Galdós
Las que Galdós llamó “Novelas contemporáneas” tratan de las tres grandes tribulaciones de la clase media española: la carencia de una educación eficaz de la juventud, los conflictos con el dinero y la dificultad de que el amor fuera compatible con el matrimonio
Los dos primeros conflictos están muy presentes en El amigo Manso, aunque predomina la añoranza de una educación a la altura de los tiempos. Máximo Manso, protagonista y narrador del relato, es un modesto profesor de filosofía, enamorado del idealismo alemán, que pretende la perfecta formación de un joven, Manolito Peña, más listo que sólido. Y solamente consigue convertirle en un brillante y superficial orador político de éxito que, además, le birla a la muchacha de la que el viejo profesor estaba secretamente enamorado. Y todo esto sucede a la vez que Máximo intenta organizar la vida de su hermano y familia, recién llegados de Cuba, con más ínfulas y ambiciones que dinero.
Nos hallamos ante uno de los relatos galdosianos más intensos y melancólicos, pero además ante una de las grandes creaciones humanas del escritor: Máximo Manso, el héroe de nombre tan revelador (es el más paciente y menos belicoso de los hombres), vive a medias entre la realidad de cada día y su vaga conciencia de ser eslabón de un destino que alguien, por encima de él, trenza.
La novela recoge, en tal sentido, la conciencia infeliz del romanticismo (no olvidemos que su narrador es un hegeliano riguroso) y se anticipa a los personajes metafísicamente rebeldes de la novela del siglo XX.
Seryhumano.com / José-Carlo Mainer