Guillaume Dufay (1397-1474) empezó su carrera en 1409 como cantor del coro de la catedral de Cambrai, y en 1420 estaba sirviendo a los Malatesta en Rímini, Italia. Parece ser que entonces regresó temporalmente a Francia, dado que se despide de su país en su canción <<Adieu ces bon vins de Lannoys>>, fechada en 1426. Trabajó en Bolonia, pero los conflictos políticos de 1428 motivaron que el compositor huyese a Roma, donde permaneció hasta 1433.
Durante la década de 1430, sirvió a dos mecenas: el papa Eugenio IV y el duque Amadeo de Saboya. Sin embargo, cuando el duque Amadeo se convirtió en el papa Félix V, Dufay percibió el peligro potencial que corrían sus ingresos procedentes de ciudades borgoñonas, y abandonó Saboya. Hacia 1439 había vuelto a asentarse en Cambrai, pero después de la dimisión de Félix V, cuando la corte borgoñona reanudó su contacto con la corte saboyana, Dufay regresó a esta última, donde permaneció hasta 1458. Luego volvió a Cambrai, y allí residió hasta el fin de sus días.
Dufay dejó veinticuatro motetes, _que consiste en una composición polifónica nacida en el siglo XII para cantar en las iglesias, especialmente conventos, de texto comúnmente bíblico_ escritos 1420 y 14447. Trece de ellos son <<isorrítmicos>>: siguen un patrón que impide que el ritmo de la melodía se repita durante dos o tres repeticiones de la misma. Paul Van Nevel ofrece una colección completa de trece motetes. Su interpretación se basó en un riguroso trabajo musicológico; se empleó a fondo preparando su propia edición con todas las fuentes disponibles para la época, que acompañan los pasajes vocales, y que evocan las ocasiones festivas y pomposas para las que seguramente se crearon las obras.
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serhumano.com / N. Anderson