Seres que opinan

Las mentiras están infravaloradas, falsamente despreciadas por quienes se precian de ser “buenas gentes” políticamente correctas, lo que casualmente es casi la totalidad de los seres humanos.

Veámoslo de esta manera, quizás usted, querido lector, se siente un ser de vanguardia, de esos que aseguran ser sinceros a todo dar, que no creen en la corrección política, que odia la falsedad del sistema, protesta desde la rebeldía rompiendo (piensa usted) los esquemas de la sociedad al vivir de manera alternativa; tiene el cabello largo (o rapado) si es hombre, y si es mujer la cosa es utilizar alguna forma de peinado rabiosamente progresista, con tintes de tonos escandalosos. En ambos casos usualmente utilizan aretes en varias partes del cuerpo, tatuajes y una expresión corporal desafiante. Escucha Rock de alguna de las variantes que incluyen gritos ininteligibles y solos de guitarra, de esos géneros que siempre tienen la palabra Metal como posfijo. Invariablemente se creen originalísimos, muy rebeldes y antisistema.

Déjeme decirle que, si bien rehúye el sistema de las mayorías, usted se circunscribe a otro sistema mínimo, pero no por eso menos importante, tanto así, que existe toda una industria alrededor de la “rebeldía”. Esa misma industria genera parámetros específicos entre los cuales usted (a su manera, claro) será políticamente correcto, so pena, de ser execrado de los círculos metaleros y antisistema donde usted hace vida, por tanto, a pesar de lo que piense, usted se comporta tal cual su maestra de catecismo del cuarto grado, pero con disfraz más escandaloso.

En el otro extremo del espectro, encontramos a los seres de la jauría común, esos que escuchan los ritmos de moda, que en caso de leer, también aplican la moda y se ofenden cuando se critica como muy malas las “Cincuenta sombras” o a Paulo Coelho porque son arrechísimos sus libros, esos tienen múltiples variantes y les importa nada ser originales, pues precisamente lo común, es lo que los hermana y entienden, todo lo demás es imposible para su corto entendimiento, para ellos hay toda una variedad de monstruos corporativos que, son felices explotando la ignorancia intelectual, amén de su flojera mental, pues solo así hacen múltiples ganancias.

Naturalmente la mayoría de estos grupos y subgrupos donde la ignorancia (al igual que la mayoría de los metaleros, cristianos, católicos, veganos, crudiveganos, LGBT, punks, haters o lo que sea que ahora exista) es la marca común y lo poquito que osan saber lo tienen de referencias vía meme, pastor, cura, imán, presidente, partido, Facebook, tuiter o Wikipedia. Hay todo un catálogo de variantes de todos los tipos donde encontraremos gentes que se asumen originales, pero que al final, no son sino un engranaje más, de la dinámica idiotizante del siglo XXI.

Sin ponernos muy exquisitos ni entrar en consideraciones políticas, teológicas, filosóficas o psiquiátricas, viendo a vuelo de pájaro, toda esa fauna estrafalariamente común que pulula por las calles de Latinoamérica, nos encontramos con que los individuos (la inmensa mayoría al menos) siempre anda creyendo que son fieles a alguna verdad, sin tomarse un segundo para verse al espejo, hacer investigación o meditar, que buena parte de lo que creen verdad no son más que mentiras muy mal elaboradas, que son conformadas para agradar a algún grupo humano, donde quiera pertenecer el individuo, comenzando porque los humanos somos la cosa más cruel que existe sobre la faz de la tierra; ni los animales peligrosos son tan malvados.

Ellos _los animales_ cuando menos, responden a sus instintos sin ir más allá, no aspiran poder, riquezas ni atropellar al semejante para sentirse fuertes, con tener comida y abrigo son felices. Sé que el ser humano tiene una vida más complicada, los animales no necesitan ir al trabajo, lidiar con el divorcio, la mujer, la exesposa, los hijos, el banco, las tarjetas de crédito, los políticos, los malandros, el tráfico, las nuevas tecnologías, la jefa (terriblemente atractiva cuyas pecas, imaginas mientras discuten asuntos laborales). No, los animales, llegan hasta el finis terra, no tienen que adivinar quién les quiere hacer la zancadilla. No experimentan la depresión; y por último no entienden la intransigencia de una economía que no coopera para que vivas mejor. Los animalitos son felices en su simplicidad.

Como prueba tangible de la maldad humana tomemos en cuenta su expresión de felicidad, la cual se manifiestan en la reacción al chiste, esa risa que todos dicen es lo más beneficioso del mundo, ese acto tan aparentemente inofensivo, necesita que alguien salga lastimado para ser efectivo. Recuerde alguna película humorística y verá como la crueldad que asola al protagonista es la que saca carcajadas a toda la concurrencia, a menos que seas inglés o un necio intelectual (como yo) que detesta el chiste físico, como algo en exceso ramplón para merecer desperdiciar la risa en eso; pero las mayorías son felices mientras el protagonista pasa las de Caín en la pantalla, y mientras más cruel es la cosa tanto mejor.

La mentira muy a pesar de las negativas es en realidad, el leit motiv de la humanidad, prueba tangible de que tengo razón, la encontramos en TODOS los libros de historia. No hay un solo libro de historia que no relate como insignes mentiras, dichas por otros tantos mentirosos poderosos que han creado imperios, causado millones de muertos, y a pesar de los tres mil años de mentiras ampliamente documentadas, no solo siguen existiendo políticos, también estos son una suerte de super estrellas, cuyo afán de mentir siempre les sale bien, a pesar de que todos sepamos que, ser político es sinónimo de mentiras. Igual vamos a escuchar como son vitoreados y hasta defendidos vehementemente, por grandes (y pequeños) grupos humanos, en algunos casos con tratamiento casi de dioses. Claro, entre los políticos hay algunos que no se dan cuenta que la mentira es la que mejor está urdida, esos caen en el mal trago de ofender la inteligencia, con un cruce de mentiras que se superponen para demostrar que su culpa no es tan su culpa y que, ellos de alguna manera son héroes por reparar lo que en principio es su responsabilidad. Lo más trágico es que tienen una horda de empleados fieles que hacen lo indecible por obligar al gran público, a creer sus malas mentiras. Como ejemplo, podemos citar al presidente (deslegitimado) de Venezuela quien luego de varios años de denuncias, advertencias y cientos de artículos que explicaban como, en algún momento el país se iba a quedar a oscuras por el mal manejo de la red eléctrica nacional, así como los muchos años sin inversión a pesar del crecimiento, igual nos quedamos más de 72 horas sin electricidad y, por tanto, con los demás servicios colapsados.

Ese episodio recién superado en gran parte del territorio nacional, ha tenido varias explicaciones según dos de las (supuestamente) autorizadas voces gubernamentales, siendo la más disparatada la del presidente, quien aseguró en cadena nacional, que en un primer momento la red eléctrica sufrió un ataque cibernético mediante el hackeo de la red. Imagino que el guionista no tuvo mucho tiempo de investigar pues, hasta donde sabemos, en Venezuela lo único más o menos tecnológicamente avanzado son las redes bancarias más allá de eso, ni los medidores de consumo eléctrico son digitales. La otra explicación, dada 70 horas más tarde, fue que una nave estadounidense se posó sobre el tendido eléctrico para lanzar un rayo electromagnético que fundió la red eléctrica nacional; si bien eso es factible, hasta donde sé, es necesaria una explosión atómica o similar, para lograr eso y de paso, se hubiesen freído TODOS los aparatos digitales en Venezuela, haciendo imposible que yo escribiese este texto, es más, el hecho de que todavía tenga PC y mi móvil aun sirva, es prueba irrefutable de la mentira oficial.

Lo más cruel es que tiene defensores que, sin vergüenza alguna, exhiben sus argumentos, que si bien, serian buenísimos para una comedia bufa, no lo son para un país que pide a gritos algo de seriedad; solo falta que Darth Vader sea declarado enemigo de la república y un analista oficial termine por asegurar que es primo hermano del presidente Trump.

Latinoamérica está llena de presidentes locos que son puestos en el gobierno por votantes igualmente orates y sostenidos por locos peligrosos, cuya maldad más evidente es el disfraz de cordura que exhiben en sus cargos oficiales. En este aparte, los militares son dignos de tener libros enteros para explicar cuan falsos son; particularmente creo que son seres malvados, que se meten a la carrera militar para hacer el mal, sin que nunca sea culpa de ellos si no, de los superiores que, dicho sea de paso, correrán la arruga hasta el presidente o la patria, siempre bajo órdenes, jamás se sinceran. Bajo este análisis los asesinos convictos (o no descubiertos) son más sinceros, ellos hacen alarde de su maldad sin disfraces hasta que caen presos. Aquí nunca son culpables, otra vez la mentira como parte de lo cotidiano.

Como soy un humano bastante poco sociable, pero que indiscutiblemente debe bajar la testuz ante la inverosímil realidad de que pertenezco a un grupo social. A mis 46 años prefiero pecar por omisión que andar de mentiroso en el plano de la interacción social. Precisamente por mi compulsión a la sinceridad he fracasado en algunas áreas de mi vida, sin embargo, he descubierto que me encanta mentir, inventar cosas, pero siempre dentro del plano de la literatura, donde las mentiras deben ser muy elaboradas, responder a un sinfín de normas para hacerlas inverosímiles y que, el lector pueda creerlas sin tener que cuestionar nada. Lo mejor de ser un mentiroso elegante e inocuo, como somos los escritores de ficción es que por más verdades que digas, jamás serás tomado en serio, pues, todos asumen que lo escrito siempre es ficción y, por tanto, una mentira para entretener no debe ser tomada en serio. Eso me divierte muchísimo, de hecho, paso horas pensando cómo elaborar una mentira creíble, solo para burlarme de algo específico, haciendo humor negro. Es algo bastante placentero.

Por supuesto, para ser mentiroso amateur es mucho lo que se debe leer, las películas, los cuentos, la música, poesía, teatro y realidad, son los insumos que deben ser consumidos, además claro, de bastantes textos académicos que desnudan el hecho creativo como una ciencia para poder llegar a ganar la plenitud en ese complicado arte de contar mentiras de manera elegante. El escritor es la máxima refinación del arte de mentir, tanto así, que hay galardones que premian la excelencia de la falsedad (los actores también aplican, pero yo no actúo) aunque aún no me gano un premio, aunque aspiro a ganarme la vida alguna vez con la literatura.

Hay tanta falsedad aceptada como cosa normal y, hasta necesaria en el mundo, que este placer de contar mentiras en Times New Roman 12, a espacio y medio, pierde fuerza al darte cuenta que entre tanta falsedad, lo único verdadero son las mentiras de la literatura, pues estas, responden a reglas lógicas que no existen en el mundo real, lo que ha hecho concluir que la ficción existe para darle cierta cordura a la realidad y que, sin ella, este planeta hubiese acabado hace rato, precisamente en manos de los mentirosos oficiales que manejan la realidad de nuestras vidas, pues sin escape de la misma, no podríamos distinguir jamás donde comienza la locura o existe tal cordura.

seryhumano.com / José Ramón Briceño

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