“No podemos dirigir el viento, pero podemos ajustar las velas”
ANÓNIMO
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“Tú sientes en qué dirección va avanzando tu vida y, si no es la que deseas, tienes que cambiar algo”, me dijo mi amiga Karen. En los cuatro años que siguieron a su divorcio, se refugió en su trabajo, y en actividades familiares y comunitarias. Pero ahora que su hijo y su hija se han casado y alejado, me confiesa: “Los hombres me parecen últimamente muy interesantes; me siento lista para estar teniendo citas amistosas. “Pero, ¿cómo? Ni siquiera sé coquetear. Trato a todos los hombres, incluso aquellos por los que me siento atraída, como a mis tres hermanos” -y se ríe espontáneamente. Por eso, decidió aprender a coquetear, pidiendo sugerencias a sus amigas y observando. Además, se inscribió en un club, y tres veces por semana hace ejercicios aeróbicos y levantamiento de pesas, y los demás días emprende paseos con paso brioso. Para ponerse esbelta y adquirir un aura de salud, empezó a comer más verduras y frutas, menos carne y alimentos ricos en grasa. Entonces, en mitad de la década de sus cincuenta, se ve más radiante y atractiva que nunca en su vida.
Como su vida social sigue girando en torno a parejas de su vida de hace años, Karen empezó a emprender nuevas actividades en las que tendría más probabilidad de conocer más prospectos. A sus amigas les confesó: “Estoy lista para empezar a salir con hombres, así que, si ustedes conocen algunos solteros agradables, les agradecería que me los presentaran”.
Después de su primera cita amistosa a ciegas, se decepcionó cuando el hombre no la llamó. Decidiendo que no tenía nada que perder, fue ella quien lo llamó. “Le pregunté qué había visto en mí que le había quitado el interés; le dije que hacía veinticinco años que no tenía una cita de este género y que me preocupaba lo que estaba haciendo o dejando de hacer. Él se rio y me dijo que andaba en busca de un alma gemela y que ésa no era yo. Acabamos teniendo una conversación mucho mejor que cuando salimos a cenar, lo cual lo puso tan nervioso que tiró el tenedor al piso”. Ahora han acabado siendo amigos.
En vez de aguardar en actitud pasiva y de abrigar esperanzas de que sucediera algo mágico, Karen está haciendo positivamente todo lo que le parece que es conducente a llegar a su meta que es encontrar un hombre maravilloso, quizá incluso un alma gemela. Karen se da cuenta de que edificar el futuro que uno desea significa:
- Hacerse cargo de manera activa de su propia vida: actuando en vez de limitarse simplemente a reaccionar.
- Negarse a contentarse con un futuro controlado por los demás o por el azar.
- Volverse amo, en lugar de víctima.
- Decidir tras madura reflexión lo que quiere que suceda y luego dar los pasos necesarios para hacer que acontezca.
En mis estudios de personas llenas de vitalidad y en constante superación, cada una de ellas piensa en forma consciente en la dirección en la que quieren que avance su vida, y dan pasos para hacer que así sea. Me ha impresionado ver el grado en que reflexionan al planear casi cada paso de su vida, incluidas las relaciones, el crecimiento personal, la buena condición física y mental, su trabajo, incluso sus diversiones.
Como me dijo Marie, una hermosa educadora de setenta y cuatro años de edad: “Es como ir en un velero: podemos dejar que el viento nos impulse como él quiera, o podemos aprovecharlo para llegar a nuestro destino”.
A corto plazo, uno es “proactivo” cuando antes de acudir a una entrevista de trabajo, averigua primero todo lo que pueda acerca de la compañía, no solo para cerciorarse que quiere trabajar en ella y en el empleo que corresponde a sus metas, sino también, para impresionar al entrevistador con lo completo de su preparación. La persona está siendo proactiva cuando antes de comprar una nueva casa o alquilar un departamento, investiga primero el vecindario, la comunidad, las escuelas, los medios de transporte y todo lo demás que tiene importancia para ella.
Y a largo plazo, la persona es proactiva cuando calcula cuánto dinero necesitará para vivir con comodidad cuando se jubile y luego, inicia un programa con cuenta de ahorros e inversiones, para alcanzar esa meta. Como dijo Warren Buffett: “Alguien se sienta en la sombra hoy, porque alguien más plantó un árbol hace mucho tiempo”.
Haga la prueba con lo siguiente:
1.- Piense en un aspecto de su vida profesional o personal con el que no esté del todo satisfecho.
2.- Ponga por escrito lo que probablemente suceda si usted no hace cambios.
3.- Luego, ponga por escrito, con el mayor lujo posible de detalles, el modo como querría que fuera esa parte de su vida, o sea, cuál es su meta para la siguiente etapa.
4.- Deténgase a pensar por breves momentos en cada posible paso que pueda dar para producir este resultado deseado. Escríbalo todo.
5.- Finalmente, haga una lista de los modos en que puedan diferir los resultados finales de su conducta proactiva de los de una vida pasiva.
Cuando usted vive en forma proactiva, está construyendo su propio futuro. Ajusta sus velas para progresar en la dirección que quiere. Usted planifica – y logra – la clase de vida que desea llevar. Ése es el poder que es usted.
Y luego, una vez que haya tomado el control de su vida, no se sorprenda cuando oiga a otros decir: “Ahí tienes a alguien que ha tenido toda la buena suerte del mundo”.
seryhumano.com / Dottie Billington