«Traté de ser fuerte mentalmente» Novak Djokovic
Uno de los deportes más atractivos para mí, es sin lugar a dudas el tenis. Más allá de su elegancia, su silencio, lo que me impresiona es su individualidad. El jugador está en la cancha, su entrenador y equipo están en las gradas sin ningún tipo de comunicación entre ellos. El atleta esta solo frente a su contrincante o mejor dicho, muchas veces contra sí mismo.
El tenis es una invitación a mirarnos a nosotros mismos y a no perder el contacto con nuestro ser. A no descuidar nuestra concentración.
Para mí, la concentración, es el estado alfa de la mente que le permite aislar toda imagen, sonido, o sensación que la aparte de su objetivo inmediato. En el caso del tenis: ganar el partido.
Para quienes me conocen pueden confirmar, casi de manera irrisoria, que mis ídolos en esta especialidad son Rafael Nadal y Serena Williams.Recuerdo que cuando empecé a ver los torneos, me llamaba la atención estos dos jugadores por su efectividad, su fuerza y su velocidad.
Pero lo que me dejaba sin habla era su poder de concentración.
Con el tiempo los he ido conociendo, y he logrado desarrollar la capacidad de saber desde que comienza el partido si van o no a ganar, por el simple hecho de notar la concentración en su mirada.
Un ejemplo reciente fue la final femenina del US OPEN 2013 en donde Serena Williams se veía claramente distraída por el viento que elevaba su falda en el momento de ejecutar el saque.
Así mismo la movilidad de su oponente Victoria Azarenka llego a ponerla al límite cuando casi sorpresivamente, después que Williams ganara el primer set de manera fácil, Azarenka remonto el segundo set poniendo a Serena contra la red.
Todos pensaban que el tercer set iba a ser igual de reñido. Igual de importante.
Todos menos yo.
Cuando vi salir a Serena a la cancha luego del descanso, con su mirada “matadora” sin emitir ningún tipo de sonido en cada punto, ni siquiera para celebrar los ganados. Comprendí que la corona iba a ser de ella. Y un avasallante 6 a 1 lo confirmó.
Serena ganó su gran título número 17 y su relación con ella misma también.
La concentración se resume en amor propio. Descansa en nuestros propios límites y se eleva con el conocimiento de nosotros mismos.
Cuando perdemos la concentración se nos complica el partido, la vida nos pone de espaldas a la red y nuestro oponente (llamase como se llame) se cree vencedor y nosotros nos sentimos perdedores.
¿De dónde sale esta concentración? ¿Cómo podemos recuperarla?
Para responder estas dos preguntas debo irme al juego final del US OPEN en la rama masculina 2013.
Rafael Nadal y Novak Djokovic los grandes contrincantes del momento.
Comenzando Rafa (así lo llamo cariñosamente) ganó el primer set.
El Segundo set lo ganó con amplia ventaja Novak y así siguió en el tercer set, en el que todos pensábamos, inclusive yo, que también lo iba a ganar Djokovic cuando iba 3-0 con mucha fuerza mental y física.
Hasta que Rafa empezó a jugar desde el alma. Si… desde el alma, desde el corazón. Desde la intuición o don que Dios le dio.
Pocos minutos más tarde estaba mordiendo su gran trofeo número 13.
Y es que si queremos concentrarnos debemos subir el volumen a nuestra alma. Conectarnos con lo más puro de nuestra esencia. Ahí el miedo no tiene cabida. Las distracciones no existen. Los juicios están fuera y muy lejos de nuestra zona de confort. La mente se mantiene en silencio sublime. La culpa se va a dar una vuelta sin ganas de regresar. La duda se adormece profundamente.
Y en ese momento preciado, no solo ganamos torneos, sino que experimentamos el más alto orgasmo espiritual. Donde todo es perfecto. Todo es mágico. Todo es Dios.
seryhumano.com / Morelba del Valle Martínez Inciarte