El Ser y YO

por Yosmar Herrera

¿Tú escuchas u oyes? Escuchar y oír, dos verbos muy parecidos, pero hasta allí, porque tienen significativas diferencias.

La Real Academia Española señala que escuchar significa, en su primera acepción, “prestar atención a lo que se oye”, y oír en su primera definición significa, “percibir con el oído los sonidos”. Ahora bien, en ambos términos escuchar implica de por sí oír, pero se trata de oír e interpretar aquello que otra persona te está diciendo, es decir, que cuando una persona se dispone a escuchar lo hace de forma activa, indica que hay una intencionalidad en ello, lo cual no sucede con el verbo oír. Por tanto, la persona que escucha lo hace de forma voluntaria e intencionada. Para oír es suficiente un oído sano y un sonido perceptible. En cambio, para escuchar se necesita premeditación.

Santiago Moll explica en un artículo titulado 10 razones por las que la gente no sabe escuchar en el portal justificaturespuesta.com que, aunque no existen fórmulas mágicas para aprender a escuchar de forma activa a las personas, sí hay factores que pueden ayudar a mejorar la escucha. Los cuales son:

  • Implicarse en lo que dice el otro mediante resúmenes, aclaraciones o formulando preguntas abiertas.
  • Practicar la empatía, es decir, intentar no solo escuchar lo que el otro te dice, sino entender lo que te está diciendo y sintiendo.
  • Escuchar de forma abierta y sin prejuicios, es decir, aprender a escuchar sin juzgar.
  • Ser capaces de pedir aclaraciones y reaccionar ante las discrepancias.

¿Por qué la gente no sabe escuchar?

Hace comparaciones: De acuerdo a Moll, es muy común que cuando una persona habla, la que está enfrente se compare con la persona que tiene delante. Esta comparación puede deberse a múltiples razones, como comparaciones físicas, indumentaria, peinado, gestos… Al comparar o compararse lo que sucede es que la atención hacia lo que dice la persona se diluye y hace que dejes de escuchar.

Hace suposiciones: ¡Nunca supongas nada, ni trates de adivinar! Este esfuerzo por adelantarse, hace que la atención hacia el discurso desaparezca y afecte lo que escucha lo que la persona que tienes delante está diciendo.

Pensar en lo próximo a decir: En una oportunidad me permitieron hacerle una entrevista al presidente de un importante banco. Menos mal que tuve la precaución de grabar la conversación, porque en realidad estaba tan pendiente de hacerle las preguntas que había preparado que casi no presté atención a sus respuestas.

Interés selectivo:  Si decide seleccionar solo aquello que quiere escuchar del otro, o solo le interesa una parte de su discurso, automáticamente se desconectará en aquellas fases del discurso que no cree pertinentes.

Juzgar, etiquetar y prejuzgar: Santiago también dice en su artículo quehay que ser conscientes de que cuando tienes a una persona delante, esa persona no está exente de tu juicio y de tu opinión, una opinión que implica que, independientemente de lo que hable, sea juzgada, etiquetada y prejuzgada incluso antes de que empiece su discurso. El hecho de hacer juicios de valor de la persona que se tiene delante hace que la atención hacia el discurso se vea claramente afectada.

Estar distraído: Puedes desconectarte en algún momento de la conversación, pero, de lo que se trata es de reflexionar si el hecho de pensar en otras cosas viene motivado por la persona que escucha, por las circunstancias que rodean esa comunicación, o por la persona que habla.

Pensar en dar consejos:  Hay un tipo de personas a las que les cuesta mucho escuchar por la sencilla razón de que se ven constantemente en la necesidad de aconsejar a la otra persona acerca de lo que esta está diciendo. Esto hace que la atención hacia el discurso desaparezca justo al inicio de la intervención de la persona que habla. La persona que da el consejo está en ese momento más interesada en lo que va a responder que de lo que le está hablando esa persona.

Ser Confrontacional: Esas personas que no saben el arte de la conversación sino es estando en desacuerdo con la otra, que solo sabe discutir, son de las que no saben escuchar, porque buscan en todo momento imponer su punto de vista, incluso interrumpiendo constantemente la conversación. Moll opina que este tipo de persona es probablemente la que peor se le da escuchar.

Cambia de tema: Son varias las razones por las que las personas cambian de tema interrumpiendo el discurso de quien está hablando. Al hacerlo, se está dando a entender que lo que se escucha no interesa, no es pertinente, es incómodo o inapropiado, por poner algunos ejemplos. Las personas que escuchan a otras y cambian de conversación son personas que antes de cambiar de tema ya llevan un tiempo sin escuchar.

Esperar aprobación: El estar pendiente de gustar o agradar al otro hace que te pierdas buena parte de lo que está diciendo. Cuanto más preocupado se está por gustar al otro, menos atención se puede poner en el discurso del otro.

Qué dilema ¿no?, ¿oyes o escuchas? Un proverbio egipcio dice “Oír es precioso para el que escucha”. Estoy muy de acuerdo con Santiago, que el escuchar es un acto de generosidad, y en medio de tanto ruido en la actualidad, es muy reconfortante ser generoso con el tiempo de atención que le brindamos al otro, o ser escuchado por este. En cualquier caso, el acto de escuchar, mejor no lo convirtamos en un dilema.

seryhumano.com / Yosmar Herrera

Con información de justificaturespuesta

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