Por María Fernández de Córdoba
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10 claves
¿Sabías que tu corazón y tu cerebro se sincronizan cada vez que parpadeas o que tu postura corporal influye en tus pensamientos?
La neurocientífica Nazareth Castellanos (directora de Investigación del laboratorio Nirakara) nos invita a un viaje fascinante al cerebro humano y nos muestra el camino para entrenarlo en la felicidad.
1. Corrige tu postura a lo largo del día
El cerebro interpreta todo lo que sucede en tu organismo, y cuando vamos encorvados nos fijamos más en las cosas negativas que en las positivas. El cuerpo humano es una sinfonía perfecta. El corazón es el órgano más rápido, un latido por segundo; después la respiración, diez veces por minuto; y el intestino es el más lento, tres veces por minuto. La respiración involucra a la memoria; el corazón, al presente. ¿Sabes que nuestro cerebro necesita escuchar a nuestro corazón y que cada vez que abrimos los ojos, tras parpadear, cerebro y corazón se han sincronizado? La gente con poca capacidad de atención parpadea más.
2. Cultiva la amabilidad y la generosidad
Las personas que lo hacen refuerzan las áreas cerebrales más involucradas en su felicidad. La amabilidad hacia nosotros mismos es una de las actitudes más transformadoras del cerebro. Los programas basados en la meditación son especialmente transformadores para aprender a no hablarnos con dureza a nosotros mismos, a no exigirnos tanto. Es uno de los aspectos más dañinos de nuestra sociedad.
3. Vive con atención plena tu presente
No hacerlo es una de las mayores fuentes de insatisfacción vital. Nuestro tiempo necesita de una oda a la lentitud. La cantidad de información que nos llega por segundo es tan grande que provoca, a nivel cerebral, lo que llamamos la «atención dividida«. No hacemos muchas cosas, vamos de unas a otras a gran velocidad. Nuestro cerebro es un órgano muy inercial y, sin duda, podemos llegar a acostumbrarlo a ese peligroso estado de ansiedad.
4. Practicar la meditación regularmente
La observación ecuánime y amable de nuestros pensamientos y emociones nos facilita su regulación y refuerza las estructuras cerebrales más importantes. Nuestro cerebro tiene la capacidad de saber que lo que yo observo es a mí.
Es lo que yo llamo «el espejo«. La observación de nosotros mismos ha de ser ecuánime y amable.
Por un lado, como si nos diera igual lo que fuéramos a ver, por otro, sin juzgar lo que vemos. Porque solo si me acepto seré capaz de expresarme, de lo contrario, me inhibiré, me esconderé y no podré observarme.
Es muy recomendable pararnos cinco minutos al día a observar las sensaciones de nuestro cuerpo, nuestros pensamientos. Tiene un poder transformador muy fuerte, pero repito, siempre desde la ecuanimidad y la amabilidad, si no es un arma de doble filo.
5. Escucha a tu cuerpo
Tener consciencia de las sensaciones corporales te permite anticiparte a tus emociones. Cada vez estamos más desconectados de nuestro cuerpo. Y eso es un problema, porque las sensaciones corporales son la información que permite a nuestro cerebro configurar una experiencia.
En neurociencia lo llamamos «marcador somático«. Por ejemplo, cuando yo hablo contigo, estoy atenta a lo que digo, pero, al mismo tiempo, mi cuerpo está teniendo diferentes sensaciones, como, por ejemplo, el frío que hace.
Esa sensación está provocando una serie de cambios en cadena: en mi respiración, en mi ritmo cardíaco, en mi piel, y generalmente no las percibo. Dicen los estudios que somos sordos a esas sensaciones, y yo digo que somos sordos ciegos y mudos a nuestro propio cuerpo.
Y eso es un problema porque, en realidad, y esto es sorprendente, el cuerpo sabe lo que la mente aún no se ha dado cuenta.
6. Trabaja en tu transformación y sé paciente
Hay que ser realistas. En este caso, como en muchos, el «si tú quieres, puedes«, es erróneo y frustrante. Hay un gran camino entre el querer y el llegar a la meta.
San Agustín en sus Confesiones lo expresa bien cuando le dice a Dios: me has hecho de tierra y de una tierra difícil de cultivar. Es decir, podemos cambiar, la capacidad de transformación de nuestro cerebro es inmensa gracias a su plasticidad, pero no es una tarea fácil.
Y en nuestra sociedad se desprecia demasiado el esfuerzo.
Pablo D’ors define la meditación como un combate, un esfuerzo, una lucha de ti contigo mismo. Por ejemplo, cuando estás a dieta es porque quieres adelgazar, pero, al mismo tiempo, dices: «¡Quiero una dona!» Los estoicos hablaban constantemente de ese combate.
Y Ramón y Cajal tiene una frase genial: «Todos podemos ser, si nos lo proponemos, escultores de nuestro propio cerebro«, y yo añadiría: si lo trabajamos.
7. Elige bien a las personas con las que te relacionas
Los cerebros y corazones se contagian, por lo que prestar atención a una persona o situación negativa deja secuelas de varias horas en ti.
Muy poca gente sabe que cuando nos comunicamos con otra persona, también a través de la pantalla, se produce un fenómeno que se llama la «sincronización de fase intercerebral«, es decir, que los cerebros se sincronizan y se contagian.
Hay una comunicación entre los cuerpos más allá de la palabra.
No deberíamos dar poca importancia a las personas de las que nos rodeamos ni a quiénes somos nosotros mismos porque todos contribuimos biológica y mentalmente a la sociedad que estamos construyendo.
8. Presta atención a tu respiración
Una respiración lenta, de unas 10 respiraciones por minuto, es un buen aliado para la gestión de las emociones; alargar la respiración es un buen protector frente a la ansiedad; inspirar por la nariz, y no por la boca, nos ayuda a controlar la atención y la memoria.
La respiración es la llave más directa que tenemos a la relación cuerpo-mente.
Yo puedo elegir si respiro o no, si lo hago lentamente o más rápido.
En el año 2017, la revista Science publicó un artículo que demostraba la neuro anatomía de la respiración.
Explicaba como el patrón respiratorio (la manera en que yo respiro) influye en las estructuras neuronales que están involucradas en la atención, en la memoria y en el procesamiento de las emociones.
Por ejemplo, al inspirar por la nariz provocamos uno de los momentos de mayor memoria; si el tiempo de espiración es más largo que el de la inspiración nos protegemos frente a la ansiedad. Tenemos en ella una llave directa a nuestro cuerpo y a nuestra mente.
9. Fomenta los buenos momentos
Disfrutar es uno de los procesos más enriquecedores de nuestro patrón cardiovascular y de nuestra plasticidad neuronal. Cuando recordamos eventos positivos, por ejemplo, se activan muchas zonas cerebrales.
Tagore decía que los recuerdos son el único paraíso del que no podemos ser expulsados. Somos memoria y la memoria es muy selectiva.
La vida no es solo la que hemos vivido sino la que luego vamos a contar.
Y, los momentos que hemos vivido de forma más presente e intensa los recordaremos mejor. Es decir, que tenemos un papel protagonista en la construcción de nuestra propia biografía.
Por eso, no solo es bueno disfrutar sino también ser conscientes de que lo estamos disfrutando. Eso no siempre coincide.
10. Come sano
Gracias a la conexión entre el cerebro y el intestino, la dieta puede ser un fuerte regulador del estado de ánimo.
seryhumano.com / María Fernández de Córdoba
Cortesía de Telva
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