Hubo una época en que los nombres de los huracanes recibían el nombre de la exnovia o de la madre. Pero eso era antes…
La primera gran tormenta de este año en la temporada de huracanes del océano atlántico se llamó Huracán Harvey. Dejó al menos 51 muertos en unas inundaciones de catastróficas consecuencias, con pérdidas de más de 190 billones de dólares. El nombre Harvey empieza ya a tener las mismas connotaciones de devastación y caos que Katrina, Hugo, Sandy o Rita, por huracanes que azotaron también los Estados Unidos en años precedentes.
La encargada de dar nombre a las tormentas tropicales y huracanes en hasta diez regiones del mundo es la Organización Meteorológica Mundial (OMM). Los nombres no tienen nada de improvisado: se escogen con muchos meses de antelación.
Cinco organismos regionales encargados de monitorear los ciclones tropicales presentan cada uno su lista con nombres por orden alfabético para cada posible tormenta, ciclón o huracán que se presente. Tienen que ser nombres familiares para el público, cercanos a la población de cada zona. Por ejemplo, Bakung si el fenómeno meteorológico tiene lugar en Indonesia, Iggy o Sean si se produce en Australia. Todo para que la comunicación sea más fácil en plena crisis.
Los nombres del despecho
La OMM señala que los huracanes no se nombran pensando en nadie en particular, pero no ha sido siempre así. A mediados del siglo XX los meteorólogos no se cortaban a la hora de convertir los nombres de sus esposas, hermanas o incluso de sus exnovias en horribles tormentas. Y es que la lista original de nombres de la OMM era únicamente femenina, hasta que en 1979 se introdujeron nombres masculinos. Hoy por hoy las listas alternan entre femenino y masculino.
Pese a esta alternancia, hay una creencia generalizada de que los huracanes que llevan nombre de mujer son más mortíferos que los que llevan nombre de hombre. Incluso hay un estudio que respalda con datos científicos e históricos esta teoría.
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