“Los vencedores no son aquellos que están siempre aferrados a sus bienes; ni los que se apresuran en echar a la calle montones de trabajo; ni los que se pasan la vida rezando con las cuentas secas del deber; son aquellos que aman porque viven, y vencen de veras porque de veras se dan; los que aceptan el dolor con toda su alma y con toda su alma separan el dolor; los que crean porque conocen el secreto de la única alegría, que es el secreto del desprendimiento”
Cuando dos o más personas se unen y colaboran mutuamente para conseguir un fin común, hablamos de solidaridad. La solidaridad es un valor de gran trascendencia para el género humano, pues gracias a ella no sólo ha alcanzado los más altos grados de civilización y desarrollo tecnológico a lo largo de sus historia, sino que ha logrado sobrevivir y salir adelante luego de los más terribles desastres (guerras, pestes, incendios, terremotos, inundaciones, etc.) es tan grande el poder de la solidaridad, que cuando la ponemos en práctica nos hacemos inmensamente fuertes y podemos asumir sin temor los más grandes desafíos, al tiempo que resistimos con firmeza los embates de la adversidad.
El que es solidario se interesa por los demás, pero no se queda en las buenas intenciones sino que se esmera por ayudarlos de manera efectiva cuando se encuentran en dificultades. Esta manera de ser es inspirada por el deseo de sentirse útil y hacer el bien y se ve recompensada cuando las condiciones de vida de aquellos a quienes se quiere ayudar mejoran. La solidaridad, cuando persigue una causa noble y justa (porque los hombres también se pueden unir para hacer daño) cambia el mundo, lo hace mejor, más habitable y más digno.
7 vías para ser solidarios:
- Reconocer que hay muchas cosas que no podemos hacer solos, y para las cuales la ayuda de los demás es indispensable.
- Interesarnos sinceramente por nuestros familiares, compañeros y amigos y prestarles nuestro apoyo en caso de que lleguen a necesitarlo
- Si hay una causa en la que creemos y sabemos que podemos colaborar, no vacilar en hacerlo (la paz, la defensa, del medio ambiente, etc.).
- Reflexionar sobre la situación de todos aquellos menos favorecidos que nosotros y no cerrar los ojos frente a sus problemas y necesidades.
- En caso de un accidente, una tragedia o una calamidad, prestarle atención a las víctimas.
- Trabaja con generosidad y armonía con nuestros compañeros, entregando lo mejor de nosotros mismos.
- Evitar a toda costa caer en el egoísmo, la indiferencia o la apatía frente a los abusos de toda índole contra las personas, los animales y el medio ambiente.
Ausencia de solidaridad
La falta de solidaridad denota indiferencia, egoísmo y estrechez de miras en cuanto seres humanos. El que se niega a colaborar de manera entusiasta y desinteresada con quienes lo rodean en el logro de un objetivo común, será renunciado a la posibilidad de unirse a algo más grande y más fuerte que él mismo, en donde puede encontrar seguridad y apoyo pues cuenta con el respaldo de sus compañeros, lo mismo que ellos con el suyo.
El individualismo exagerado conduce a la insensibilidad, a la ausencia de grandeza humana, y resta méritos y alegría a cualquier logro por grande que sea, pues no hay con quien compartirlo.
Otro tanto les seduce a quienes, contando con los medios para ayudar a sus semejantes (ofreciendo oportunidades de trabajo, por ejemplo) no se conmueven en absoluto por sus penalidades ni hacen nada para aliviarlas. Estas personas nunca serán admiradas ni queridas con sinceridad, ni sus posesiones y dinero tendrán valor humano alguno.
seryhumano.com / Andrés Manuel Landaeta